NARRA DANKO
El doctor me llamó para anunciarme que Alexander ya despertó, y yo, grité con júbilo
—¡Por fin!, Dios mío, gracias
Salí de casa a toda prisa, tomé mi motocicleta para ir a la clínica, no cabía de la alegría de volverlo a ver, ya imaginaba su sonrisa, su mirada de amor que tanto me gusta. El viento pegaba en mi rostro, el tiempo pasaba y los edificios se hacían más conocidos en mi ruta, me anunciaban que estaba ya muy cerca de mi encuentro con Alexander. En un semáforo en rojo escuch