Atina
¿Acaso mi castillo también tenía algún problema? Nunca se me había ocurrido que el edificio fuera tan diferente. Claro que las puertas se abrían y cerraban para mí, pero supuse que eran mis pensamientos los que lo provocaban. Seguí a Romeo por el umbral y salí al aire nocturno. En cuanto salí, mi cuerpo volvió a la normalidad. Ya me había acostumbrado a la sensación y no le había dado mucha importancia. Por dentro era solo una sombra de lo que era. Por fuera, era yo. Por eso pasaba la ma