(Epílogo – Parte III)
Con el tiempo, Eldemar dejó de ser la aldea expandida y ansiosa que Maerwyn había sostenido con una paciencia que nadie más supo imitar. Cuando Ardyn heredó un poder que no había deseado, encontró un valle que crecía más rápido de lo que nadie podía gobernar. Los Veyndar, su propio pueblo, habían sido el eje de organización durante generaciones, pero ese eje crujía bajo el peso de clanes que ya no competían por prestigio, sino por territorios, rutas, forjas, agua y paso se