El invierno había encerrado a Dravena en un silencio blanco. Los caminos estaban cubiertos de hielo, los bosques parecían dormidos bajo la escarcha, y aun así, en Véldamar las hogueras no se apagaban y los graneros no estaban vacíos. Contra todo pronóstico, el reino prosperaba: había pan en las mesas, leña en los hogares y oro en los cofres. Oro que nacía de las entrañas de la mina de Akaroth, un secreto cada vez más difícil de contener.
En el salón del trono, el rey Kael escuchaba a sus conse