El invierno había comenzado a cubrir Véldamar con su velo pálido. Las chimeneas humeaban, los muelles estaban repletos de barcos que descargaban trigo y sal, y aun así, el aire en la corte pesaba como una amenaza invisible.
Lady Alessa entró en la cámara real después de la última audiencia. Vestía de azul profundo, con un velo ligero que apenas cubría su cabello trenzado. Se inclinó ante Kael, pero no con frialdad cortesana: había en sus ojos una preocupación genuina, un peso que la hacía parec