-V-

Se removió en el lecho y se colocó de costado.

Su mano se posó en su vientre pudiendo notar el gorjeo que no paraba de hacer.

Aún no se creía que él, un hombre, pudiera tener un...bebé dentro de él

Llevaba viviendo con ese Ian desde que lograra escapar de su encierro y si bien se había portado como un sol, aún no se fiaba, del todo, de él.

Alguien llamó a la puerta.

Con toques suaves.

Y la puerta cedió dejando entrar al castaño oscuro.

-¿Ángel?-

Jayden se encogió contra la almohada.

Ángel.

No le llamaba por su nombre sino que siempre se refería a él con ese apodo tan...cariñoso.

Notó cómo el colchón se hundió y luego una mano del hombre posarse en su cabeza.

-Angel, el desayuno está listo-

-No...no tengo hambre-

-Tienes que comer-

Sentía como le acariciaba el pelo.

Con mimo.

Con dulzura.

Gestos que había dejado de reconocer desde que ese...Christian lo había sometido, torturado y vejado.

Conteniéndose las lágrimas, se limpió los ojos y preguntó:

-¿Por qué me...tratas tan...bien?-

Ian dejó de acariciarle el pelo.

-¿Acaso no debería?-

-No me...conoces, no sabes nada de míy...me salvaste, me trajiste aquí, a tu casa y...me tienes en un pedestal-

Girándose para mirarle, volvió a preguntar:

-¿Por qué?-

Ian tragó saliva, unió sus manos y respondió:

-Porque...veo en ti el reflejo de lo que una vez fui yo-

Jayden, muy despacio, se aproximó hasta él.

Extendiendo las manos aferró de ambos lados del rostro al mayor para, poco a poco, ir atrayéndoselo hacia el suyo.

Ian moría por saber a qué sabían esos labios.

Desde que lo vio había sentido algo más que un simple sentimiento de protección hacia el chico.

Pero no quería forzar la situación.

Jayden necesitaba, en primer lugar, aceptar al bebé.

Ya después intentaría llegar a su corazón.

Poco a poco.

No tenía prisa.

A punto de tocar los labios del rubio con los suyos, le detuvo.

Jayden se quedó helado.

Acariciándole la mejilla, Ian sonrió con ternura para decirle:

-No es el momento ni el lugar, primero sois tú y tu bebé-

La dulzura del rubio desapareció dando paso al odio.

Propinándole un manotazo y apartándoselo, ladró:

-No quiero éste hijo-

-Jayden él no tiene la culpa de cómo ha...-

-iSoy un hombre!- exclamó enojado.

Saltando al suelo, empezó a romperse el pijama gritando:

-NO PUEDO TENERLO, NO PUEDO, NO PUEDO-

Ian, alarmado, caminó hasta él e intentó calmarlo...

Pero recibió un empujón.

-Jayden, cálmate-

-¿Es que no lo entiendes?- gimoteó el rubio -¡¡No sería ni lógico ni natural!!-

-Angel, por favor calma...-

-¡¡DEJA DE LLAMARME ASÍ!!- gritó.

-Jayden, tranquilízate, respira y...-

-NO SERÍA UN BUEN...PADRE-

-No, no, eso...eso nunca lo digas- aseveró, sin excederse, Ian, que caminando hacia él le agarró de los hombros y le hizo darse la vuelta para mirarle fijamente -Yo pasé por lo mismo y...me arrepiento de no haber sido más...valiente y...perderme toda la vida de Dominic-

Jayden se soltó de sus manos.

-Yo no soy tú- escupió.

-No serás yo pero te ha pasado prácticamente lo mismo- añadió Ian -Y quiero ayudarte-

Mirándole de malos modos, Jayden inquirió:

-¿Por qué?-

-Por qué que-

-Que por qué me quieres ayudar-

El mayor agachó la mirada para rápidamente volver a levantarla.

-Porque...a mí me hubiera gustado que alguien se preocupara por mí cuando me...pasó y...porque sí-

-Nunca hay una sin razón para ayudar- respondió de malas maneras Jayden.

Ian volvió a acercarse a él y agarrándole por los brazos le obligó a enfrentarle:

-Yo no necesito una razón para ayudarte Jayden-

El rubio fijó sus ojos en los del mayor.

-¿A no?-

-No- contestó Ian con voz tenue.

No rompían el contacto entre sus ojos.

Sin darse apenas cuenta, sus rostros empezaron a aproximarse entre ellos.

Despacio.

Cómo si de una extraña fuerza sobrenatural se tratara.

Les hacía romper la distancia entre sus bocas...

Y empezaban a sentir el aliento del contrario contra el suyo...

Más y más cerca...

Hasta que...

Sus labios terminaron por unirse...

Acabando por no simplemente besarse.

Sus bocas se devoraban.

Con ardor.

Con pasión.

Y aunque Jayden tenía un poco de miedo, algo en su interior le decía que Ian no era un mal hombre.

Ambos terminaron cayendo en el lecho.

Engulléndose mutuamente.

Ian ya no podía ni quería evitarlo más.

Años solo, deseoso de poder amar como amó hace tiempo.

Y Jayden necesitaba de ese amor.

Un amor sincero...

Sano...

Y de verdad.

Casi sin darse cuenta, acabaron tal y como sus madres los trajeron al mundo.

Jayden notó cómo Ian recorría su cuello con la boca...

Cómo descendía a través de su pecho...

Hasta que se detuvo en su vientre.

Alzando la mirada, Ian buscó su permiso...

Y cuál no fue su sorpresa al oír al rubio decir:

-No...no me hagas...daño, por...por favor-

Regresando ante su rostro, Ian lo acarició suavemente susurrándole:

-Nunca podría hacerte daño...ángel-

Y selló sus labios con los suyos.

Las piernas de Jayden se cerraron en torno al cuerpo de Ian quien, cuidadosamente, preparó la entrada del chico.

Después, comenzó a deslizarse a través de ella hasta que...

Ocupó el interior del joven.

Jayden emitió un leve quejido que fue silenciado por los labios del castaño oscuro.

Despacio, Ian se mecía.

Dentro y fuera.

Entraba y salía.

Era dulce y tierno.

Y Jayden lo agradeció.

Cinco años siendo torturado...

Privandole de saber qué era realmente hacer el amor...

Y ahora no sabía ubicar bien que era lo que su cuerpo sufría con el mayor.

¿Le gustaba?

iPor Dios, sí!

¿Lo deseaba?

iSí!

Echándole los brazos alrededor del cuello y con su boca ocupada por la de Ian le dejó transportarlo hacia aquel extraño y placentero abismo del cual él desconocía que existía...

Y por primera vez conoció lo que era un orgasmo...

De verdad.

Aunque...

No bastaría para hacerle recuperar su seguridad...

Ni su capacidad de volver a amar.

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