-XXXIII-

El coche estacionó junto al hospital.

De éste se apearon dos hombres.

Uno joven y otro viejo.

El segundo se mantenía bien próximo al primero.

Cuidando que nadie la viera, escondía la pistola bajo su chaqueta y presionando la zona baja de la espalda del joven.

-Camina- mandó en voz tenue.

Daehler obedeció y entró al hospital.

Los dos caminaban hacia delante.

Los enfermeros y demás personal ni se daban cuenta de la cara de pavor que Daehle

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