21.
Las clases eran un incordio, me aburría horrores, ni siquiera chatear con Samuel, que seguía preguntándome a todas horas por mi estado de ánimo me animaba, ni las charlas con mis nuevas amigas, o con Lucas. Necesitaba a Charlie.
Habían pasado algunas semanas desde nuestro encuentro, desde esa violación que quería borrar de mi mente, aún me sentía asqueada cuando pensaba en ello, aún refregaba mi piel con fuerza al ducharme,