22.
Las cosas iban sobre ruedas, en un par de días conseguiría mi más que merecida libertad, y podría dejar de acostarme con esa bruja. Lo que el de asuntos internos tuviese que hacer con ella no era asunto mío, tan sólo quería volver a abrazar a mi princesa, respirar su agradable aroma y dejar de preocuparme por el peligro que corrían las personas que se acercaban a mí.
La puerta del apartamento sonó,