27.
Leo.
Hacía un tiempo que había colgado el teléfono, pero aún no había vuelto a la normalidad, y no lo hice hasta que Omar volvió del servicio, sentándose a mi lado, en aquel sofá.
- ¿Va todo bien? – quiso saber. Asentí, sin decir nada, dejando la copa en la mesa, abalanzándome sobre él, subiéndome encima, comenzando a besarle desesperada,