Tenemos un problema.
La semana fue una de las más ajetreadas que hasta ahora había tenido. Acomodar los horarios, actualizar la agenda, programar reuniones, atender a las visitas imprevistas… entre un sinfín de cosas similares, por fin había llegado el último día laboral.
La mañana comenzó como cualquier otra. Había llegado una hora antes, como siempre, y se dedicó a revisar los correos electrónicos, filtrarlos y eliminarlos. Una hora después, llegó su jefe. Intercambió saludos de buenos días, le comentó lo que ha