La sensual compañía de su asistente.
Pocos minutos después, su asistente ingresó a su despacho. Una taza humeante en una mano y la agenda portátil en la otra. Le hizo una seña para que se sentara y ella le acercó la taza.
—No es café. —Él arqueó una ceja—. Es té de valeriana¹, señor. Le prometo que se sentirá mejor.
No dijo nada al respecto y aceptó el té. Bebió un sorbo mientras analizaba la manera de abordar un tema tan complejo como lo que sea que había estado ocurriendo entre los dos. Estaba nítido que no solo se trataba de at