Volvimos a la realidad y sentía mucha vergüenza porque me había olvidado de que había personas presentes, pero después recordé que ahora soy una mujer casada y no debo de tener vergüenza por mostrar el amor que le tengo a mi esposo.
—tome a Esmeralda de la mano y comenzamos a caminar por el pasillo, todas las personas se acercaron a felicitarnos, luego de eso fuimos a la limusina que nos llevaría al lugar de la recepción, todo estaba hermoso, tengo que agradecerles a mis cuñadas por haber hecho