Ni me lo recuerdes y eso no fue lo peor, el idiota alteró todos mis sentidos y luego se levantó, abrió la puerta y me dijo que me fuera, me echó como a un perro, ¡te puedes imaginar lo ofendida que me siento!
—ja, ja, ja, el desgraciado te dejó caliente, tengo que admitir que esa sí fue la venganza digna de un mafioso, ja, ja, ja.
—no te burles que luego de eso tuve que venir directo a la camioneta porque no me sentía capaz de entrar a la reunión nuevamente, mucho menos de verle la cara a mi pa