La lámpara de aceite del pasadizo seguía siendo la misma, pero ahora iluminaba una situación completamente diferente, lo cual decía mucho sobre la naturaleza de las lámparas y muy poco sobre la naturaleza de los planes.
Elena había pasado los últimos cuatro minutos con la palma extendida sobre la pared del pasadizo, los ojos cerrados, los labios moviéndose en silencio. Adrián la había observado durante los primeros dos minutos con la expectativa de que dijera algo útil. Durante el tercero había