28

El pasadizo terminaba en una escalera de piedra que subía en espiral hacia ninguna parte obvia, y Adrián decidió que eso resumía perfectamente la semana que llevaba.

—Aquí —dijo Elena, sin girar la cabeza.

Se detuvo ante una puerta baja que parecía parte de la pared hasta que no lo era, y la abrió con la misma naturalidad con que otra persona abriría la nevera a medianoche. Al otro lado había una habitación pequeña, sin ventanas, con una mesa, dos sillas y una lámpara que funcionaba con un inte
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