La medianoche en la mansión North no era un momento de descanso, sino un refugio para los demonios internos de Ridell.
El gimnasio privado, una estancia de piedra fría y techos altos, resonaba con el impacto rítmico y brutal de sus puños contra el saco de boxeo.
Estaba sudando, con la camisa de entrenamiento pegada a su espalda musculosa y las vendas de sus manos manchadas con una mezcla de fricción y furia.
No podía quitarse de la cabeza la imagen de Diamond en el despacho.
Sus ojos azules enc