VICTORIA
Lo detesto, juro que lo detesto, quiero que se regrese a su fría Rusia y le dé una pulmonía o se ahogue en algún helado rio, mejor que lo encuentre un oso y se lo coma, aunque al pobre le dará indigestión, me refiero al oso.
—¡Victoria! ¡Victoria!
Grita como loco, no me importa, que siga gritando, si quiere, dice que soy una niña mimada y engreída, entonces que lo siga pensando, que estoy haciendo una pataleta, entonces se lo voy a demostrar, sí, señores, que se aguante por tratarme a