86. PELIGROSO, FRÍO Y POLÍTICO
IRMA
Sabía que vendría hoy.
No porque tuviéramos una cita o algo así, solo lo saía.
Lo sabía del mismo modo en que sé cuándo la noche está a punto de caer.
La sangre avisa.
Hay un leve tirón bajo la piel, como si un hilo invisible se tensara desde el pecho hacia algún punto del mundo.
Y ese hilo termina en él.
Roduan.
Me senté en el borde de la terraza de lo que ahora llamo mi hogar y contemplé el crepúsculo. El cielo parecía una herida abierta, rojo oscuro mezclándose con violeta. Hermoso. Trá