44. SUSURROS AL VIENTO
LIZZY
Un nuevo amanecer llegó sin anunciarse.
No recuerdo haber dormido, pero al abrir los ojos, la luz ya se colaba entre las cortinas como un huésped indeseado.
Me incorporé lentamente, con esa sensación extraña de que algo en mí ya no encajaba del todo.
Que esta nueva versión de mí no tenía un lugar al cual pertenecer.
El espejo frente a la cama devolvía una imagen familiar, pero distinta.
La sonrisa seguía ahí, dibujada por costumbre, aunque vacía.
Lo que había cambiado eran mis ojos.
Ya no