23. JUZGADO POR SUS ACCIONES
LIAM
Margareth tomó mi mano y caminamos hacia la pista.
Luce desconcertada, como si no esperara mi invitación.
Cuando llegamos al centro del salón, coloqué una mano en su espalda.
La música empezó, y mientras daba el primer paso, la deslicé hacia su cintura.
Sentí cómo se tensaba.
Sus músculos, bajo el corsé, eran un muro de contención, una frontera.
La sujeté un poco más firme de lo debido y comenzamos a bailar.
—Pensé que bailarías otro par de piezas con Lizzy —comentó en voz baja, apenas un