159. HERIDA SIN INTENCIÓN
RIVEN
Margareth camina de un lado a otro como una llama atrapada en un farol demasiado pequeño.
La siento incluso sin verla. Esa ansiedad suya tiene un pulso propio... uno que ahora late más rápido, más intenso. No es solo ira. Es urgencia. Instinto.
Y sé perfectamente hacia dónde apunta.
—Quiero que termine —dice sin rodeos, girándose hacia mí—. Hoy.
La observo en silencio unos segundos. Su mirada no vacila. No es un capricho. No es un arrebato. Es una decisión. Y aun así...
Niego suavemente