134. REINA NILEA: DESPARTAR Y DECISIÓN
LADY OLINDA
Maldita niña.
Debí haberme quedado. Debí asegurarme de que todo terminara ahí, en ese instante, sin cabos sueltos... sin interferencias.
Pero no. Confié.
Error.
Fausto acaba de salir de mi habitación, y aún puedo sentir el eco de su presencia, como una marca invisible en el aire.
Debo admitirlo... me sorprende. Me sorprende que le importe.
Que ese hombre, que ha vivido como una sombra sin raíces, reaccione ante la idea de un hijo.
Pero al final entendió. Afortunadamente lo hace.