131. LIAM: LA VIDA QUE NO ELEGÍ
LIAM
Una celda disfrazada de habitación de lujo.
Así es el encierro de la realeza.
Las paredes están tapizadas. La cama es amplia. La comida llega caliente y bien servida. Incluso hay una ventana... alta, estrecha, inútil.
No es posible olvidar que estoy encerrado.
El aire... nunca miente.
Es pesado. Inmóvil.
Como si incluso el tiempo se negara a circular aquí dentro.
No puedo salir. Eso es lo único que importa.
Puedo recibir visitas, sí. Y las recibo.
Mi madre viene con los ojos hinchados y