Envidiaba su libertad, aunque no me habría cambiado por ella. Me había mostrado discretamente los mensajes más recientes de su acosador, y esa mierda era aterradora. Si empeoraban, tendría que ser una pésima amiga y decirle directamente al rey quién era para que él y sus hermanos pudieran protegerla.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté a Enzo, hablando en voz baja para que nadie en el bar se enterara de lo que hacíamos.
Ignoró mi pregunta. —¿Por qué carajo huele tu pelo como el de Jake?—
Con el rabi