Capítulo 23. Deben sufrir en vida toda su maldad
Simón sintió como si una mano invisible se metiera en su pecho y lo apretara con fuerza, por unos segundos tuvo la sensación de no poder respirar, se puso morado y empezó a hiperventilar, cualquiera que lo viera pensaría que estaba a punto de colapsar y así era. Cándida se dio cuenta y le puso la mano en la espalda preocupada.
—¿Qué tienes tío, te pasa algo? ¿Qué pasó? Kostantin… por favor, auxilia a mi tío…—pidió cuando el hombre cayó al suelo—. No puede respirar… por Dios… ¡Ayúdalo! —exclamó