Rio Li
Me mira a los ojos con detenimiento como si pudiera a través de ellos traspasar mi alma—Hijo no puedes mentirme, pero tampoco puedo protegerte todo el tiempo, cada uno lleva sus propios tropiezos, me dice y sale del comedor
—¿Y el pastel?.— Pregunto como un niño mimado.
—En el refrigerador.— Me responde sin mirarme, tomo mi plato con un cubierto y un cuchillo y me sirvo un generoso trozo, mientras estoy prácticamente babeando, no suelo ser así, pero esto comiendo demasiado últimamente