Nikolai camina con paso firme y enojado hacia la parte trasera de la mansión del abuelo, su rostro tenso y sus ojos ardientes. Ángela intenta detenerlo, corriendo a su lado.
— No, Nikolai, no hay necesidad —dice Ángela, agarrando su brazo—. No armes un escándalo por eso.
Nikolai se detiene, su mirada intensa.
— No voy a permitir que te falten al respeto —dice, su voz baja y firme—. Tú eres mi prometida y ellos deben aceptarlo, les guste o no.
Ángela intenta calmarlo, su voz suave.
—Pero no quie