Mundo ficciónIniciar sesiónEl motor del Jeep se detuvo con un suspiro mecánico que se perdió en la inmensidad del desierto chihuahuense. Las primeras luces del amanecer pintaban las montañas distantes con trazos dorados y carmesí, mientras el silencio absoluto envolvía la expedición como un sudario. Carolina descendió del vehículo, sus botas militares hundiéndose ligeramente en la arena rojiza que se extendía hasta el horizonte.
—Según el GPS, estas son las coordenadas exactas —anunció Valeria, consultando el dispositivo con el ceño fruncido—. Pero aquí no hay nada.
El paisaje se extendía monótono y desolado: matorrales dispersos, rocas erosionadas por siglos de viento y una vastedad que parecía burlarse de sus esfuerzos. Carolina giró sobre sí misma, escudriñando cada centímetro del terreno con la desesperación de quien busca







