Mundo ficciónIniciar sesiónEl motor del automóvil se apagó con un suspiro mecánico que se perdió en la vastedad industrial de Apodaca. Las tres de la madrugada habían llegado con la puntualidad implacable de una sentencia, y la oscuridad se extendía como una manta espesa sobre el polígono de bodegas abandonadas. Victoria bajó del vehículo antes de que Alejandro terminara de estacionar, sus pies tocando el asfalto agrietado con la urgencia de una madre deses







