Mundo ficciónIniciar sesiónEl estruendo del último disparo aún reverberaba en el estacionamiento cuando Victoria vio cómo los agentes federales arrastraban el cuerpo inerte de Don Héctor hacia una camioneta blindada. Las esposas metálicas brillaron bajo las luces de emergencia mientras el anciano, finalmente capturado después de décadas de evasión, masculló maldiciones que se perdían entre el caos de sirenas y gritos.
Lorenzo yacía contra una columna de concreto, presionando con ambas manos la herida de bala en su pierna izquierda. La sangre se filtraba entre sus dedos, manchando el suelo de un rojo oscuro que contrastaba con el asfalto gris. Sus ojos buscaban desesperadamente entre los cuerpos esparcidos, algunos inmóviles para siempre, otros gimiendo de dolor.
—¡Mis bebés! —El grito desgarrador de Victoria atravesó el aire nocturno como una navaja—. ¡Alguien persiga e







