Mundo ficciónIniciar sesiónLa decisión se cristalizó en su mente con la claridad brutal de una sentencia de muerte. Victoria observó la incubadora donde Mateo y Luna descansaban, sus pequeños pechos subiendo y bajando con la fragilidad de las hojas al viento. Treinta minutos. Eso era todo lo que tenía antes de que Gabriel regresara de su sesión de terapia con esa mujer que pretendía arreglar lo que jamás podría repararse.
Sus manos temblaron mientras desconectaba la incubadora de la pared. El indicador de batería parpadeó: dos horas de autonomía. Suficiente para llegar a algún lugar seguro, si es que tal cosa existía en el mundo que Gabriel había construido a su alrededor. Envolvió a los gemelos en mantas adicionales, sus dedos acariciando las mejillas rosadas que aún conservaban esa suavidad imposible de la recién nacida vida.
Perdónenme, pensó mientras tom







