Mundo ficciónIniciar sesiónLa figura de Lorenzo bloqueaba la salida del edificio como estatua de amenaza humana, con su silueta recortada contra luces de calle que parpadeaban con indiferencia ante el drama que se desarrollaba en entrada de vidrio que de repente parecía más barrera entre libertad y captura que simple puerta diseñada para facilitar tránsito de empleados que terminaban jornadas laborales normales, mientras Victoria se detenía con corazón latiendo tan fuerte que podía sentirlo en su garganta como tambor anunciando desastre inminente que no podía evitar sin importar cuánto quisiera correr en dirección opuesta.
—Don Héctor pidió que la escoltara a casa. Es tarde. No es seguro para mujer embarazada estar sola en calles de Monterrey después de oscurecer. —La voz de Lorenzo era cortesía vacía envuelta en amenaza que no necesitaba ser explícita para ser co







