Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz de octubre entraba oblicua por las ventanas sucias del edificio abandonado en la calle Morelos, proyectando rectángulos polvorientos sobre el suelo de madera que Victoria no había pisado en dieciséis años. El sobre certificado había llegado aquella mañana a la fundación, conteniendo tres llaves antiguas de bronce y una nota manuscrita del administrador de bienes raíces Herrera que simplemente decía: "Instrucciones del se&nt







