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La lluvia golpeaba las ventanas de la casa con una insistencia que parecía presagiar algo terrible. Victoria observaba las gotas deslizarse por el cristal mientras esperaba que Ricardo terminara de organizar sus hallazgos sobre la mesa del comedor. Habían pasado apenas unas horas desde que el rastreador había sido removido del cuerpo de Gabriel, y ya el investigador privado había regresado con información que prometía ser devastadora.

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