60. CONTINUACIÓN
Miré a mi esposo y lo abracé con fuerza. A nuestro alrededor, el aire estaba impregnado con el olor fresco y terroso de la tierra húmeda, mezclado con el perfume dulce de las flores en floración. La luz del sol jugaba con las sombras de las hojas, proyectando patrones danzantes sobre los pisos y paredes. En el centro del salón, un pequeño olivo en una maceta grande era testigo silencioso del cuidado y la dedicación que ponía en mi hogar.
—Cada planta que ves aquí tiene una historia, un recuerdo