Mundo de ficçãoIniciar sessãoMiré a mi tía Josefina, quien sonrió con una gran tristeza. Pensaba en su pobre hermano, que había tenido la mala suerte de caer en las garras de una mujer como Amaya. Lo único bueno que había hecho Amaya era darme a mí, su hijo, que gracias a Dios había salido a Stavros en todo, tanto en físico como en mi moral incorruptible. Mi padre me había educado y dado un buen ejemplo.
—Si tú estás de a






