10. ¿ME ESTÁS ENGAÑANDO?
Miraba a Ilán y me sentía nerviosa, aunque lo disimulaba hablando y haciendo cosas sin parar. Seguro que antes, con una llamada, podía buscar un lugar lujoso como yo lo haría, pero ahora éramos pobres. O eso creía. No quería que su madre se enterara de dónde estábamos aún; por eso, no era inteligente hospedarnos en un hotel.
—Aquí no nos encontrarán —dije al ver cómo me observaba sin hablar; era algo silencioso—. No hablas mucho. De acuerdo, no te odio. Bueno..., quizás un poquito.
Bromeé para