Mundo ficciónIniciar sesiónGael llevaba setenta y dos horas sin dormir más de tres horas seguidas, y lo sabía porque había empezado a contar. Ese era el problema. Antes no contaba. Antes dormía o no dormía y la diferencia era puramente funcional, un asunto de rendimiento, de capacidad cognitiva al día siguiente. Ahora contaba las horas con una precisión que le resultaba ajena, casi clínica, como si alguien hubiera instalado en su cabeza un reloj que no le hab&iacu







