Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mañana parecía dócil, una pausa improbable en la ciudad que nunca baja la guardia. El cielo de Nueva York estaba lavado, con nubes finas como gasa; el aire tenía esa transparencia de invierno que nítida las cosas traza sus contornos. Marcus empujaba el cochecito con una mano y con la otra sostenía un café tibio, caminando despacio por la acera ancha que bordea el parque. Melissa dormía, un ovillo perfecto rodeado por la manta azul que ya olía a casa. Tres meses y un mundo completo entre su respiración y el ruido del resto.
Habían salido del pediatra veinte minutos antes: control de peso, una sonrisa fugaz de la doctora, “va perfecta”, y el recordatorio amable sobre el próximo refuerzo. En el ascensor, dos desconocidos se habían derretido en ese “aw” automático al ver la pestañ







