Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mañana parecía dócil, una pausa improbable en la ciudad que nunca baja la guardia. El cielo de Nueva York estaba lavado, con nubes finas como gasa; el aire tenía esa transparencia de invierno que nítida las cosas traza sus contornos. Marcus empujaba el cochecito con una mano y con la otra sostenía un café tibio, caminando despacio por la acera ancha que bordea el parque. Melissa dormía, un ovillo perf







