Me arrodillé en el suelo, cerré los ojos y traté de calmar mi mente. Me concentré lo más que pude, forzando cada fibra de mi ser a buscar esa conexión, hasta que sentí el aire frío recorrer todo mi cuerpo como un latigazo helado. Abrí los ojos lentamente y sonreí con satisfacción; estaba en aquel lugar oscuro, donde las sombras parecían alargarse por siempre. A lo lejos, distinguía la tenue luz de un fuego agonizante. Me levanté de inmediato y caminé rápidamente hacia él. El fuego estaba casi e