Abrí los ojos lentamente. Todo estaba oscuro. Intenté moverme, pero las gruesas cadenas me lo impidieron. Sentí algo frío y apretado en mi cuello. Llevé la mano hacia él y me di cuenta de que tenía un grillete.
—Te has despertado —dijo la voz de Gytha.
Odiaba su voz, despreciaba cada parte de su ser.
—Eres una perra desquiciada —le respondí, con veneno en cada palabra—. Sé lo que hiciste. Todo lo que pasó fue por tu culpa, por tu ambición. Pero me alegra que nada te haya salido como querías. Es