Cuanto más nos acercábamos al territorio de Ivar, el olor a muerte se volvía cada vez más penetrante, envolviendo el aire con una sensación de dolor; era nauseabundo lo que se podía sentir en este lugar. Los hombres que estaban conmigo tenían muy claro que lo más probable era que perdiéramos la vida en este asqueroso lugar.
Mi corazón comenzó a latir con una intensidad que no había experimentado antes. Era preocupante cuán rápido latía. Me pasé la mano por el pecho para calmarme un poco, pero e