Salí de la casa, y allí estaba Hakon, esperándome con el ceño fruncido y una expresión de disgusto. Me acerqué a él y le di un par de golpes en el hombro, intentando aliviar la tensión.
—Sé que la quieres de vuelta, pero no puedes tener a esa mujer aquí. Es un peligro, sería estúpido dejarla —me dijo con voz firme.
Asentí con la cabeza, aunque mi mente era un caos. Mi razón me gritaba que la matara, que ella era una amenaza que podría destruirnos, pero algo más profundo, algo más salvaje, me fr