Las habitaciones privadas del Rey Licántropo siempre le parecían demasiado grandes a Callie, demasiado silenciosas, demasiado conscientes de ella. No importaba cuántas mañanas hubiera pasado allí, el aire seguía cargado con la misma inquietante verdad: su presencia habitaba en esas paredes, se filtraba en la piedra, la observaba incluso cuando no estaba en la habitación.
Tragó saliva con dificultad mientras ordenaba sus objetos personales en el estante de obsidiana tallada. Todo lo que poseía e