El ala del archivo nunca fue concebida para entrar sola.
Callie lo sintió en cuanto cruzó el umbral: un silencio opresivo, como si las mismas piedras contuvieran la respiración. El aire olía a polvo, tinta vieja y algo más frío debajo, algo que se le pegaba a la garganta como una advertencia.
Se ajustó la vela en la mano y se adentró en los estantes.
Este recado no le había sido asignado.
Eso solo le aceleró el pulso.
Se dijo a sí misma que estaba allí porque necesitaba respuestas. Porque el pa