Callie no durmió.
Permaneció despierta mucho después de que el palacio se sumiera en su silencio nocturno, mirando fijamente a la oscuridad como si fuera a parpadear primero. Cada sonido parecía más agudo: pasos resonando en pasillos lejanos, el cambio de guardia de los guardias, el leve crepitar de las antorchas que ardían lentamente.
Su cuerpo estaba inquieto de una forma que ya no fingía no comprender.
No era hambre.
No era solo miedo.
Expectativa.
Las palabras de Darian de antes resonaban implacablemente en su mente.
Mañana por la noche, te recordaré exactamente dónde estás.
El recordatorio llegó antes de lo esperado.
El golpe en su puerta fue silencioso pero rotundo.
Se levantó al instante.
El guardia no habló esta vez. Simplemente se hizo a un lado, dándose la vuelta, como si su obediencia ya no estuviera en duda.
El camino a los aposentos de Darian se sintió diferente esta noche: más largo, más pesado. Cada paso parecía despojarla de algo: vacilación, resistencia, incluso los r