El regreso no trajo calma.
Trajo reordenamiento violento.
La figura del Rey detrás de Risa no era cuerpo completo todavía —era una superposición de soberanía— como si el concepto de “Rey” hubiera regresado antes que la carne. Su presencia doblaba la percepción: las distancias parecían obedecerle, el sonido evitaba interrumpirlo, incluso el polvo en el aire flotaba con disciplina.
Los ancianos cayeron de rodillas sin instrucción.
No por respeto.
Por reconocimiento automático de jerarquía restaur