Entrar no fue caminar.
Fue ser medido.
Cada uno sintió el paso como si el suelo no aceptara peso sin antes evaluarlo. La Cámara de Balance no tenía muros visibles ni techo definido; era una extensión gris-oro donde la distancia dependía de la honestidad interna. Algunos parecían más lejos de lo que estaban. Otros, peligrosamente cerca.
Rhaziel notó de inmediato que el Presentante se veía a veinte pasos… aunque sabía que estaba a menos de cinco.
—La cámara ya está opinando —murmuró Noctara.
Los