El alma no volvió como luz.
Volvió como peso con memoria.
Risa sintió el impacto primero en los huesos, no en el pecho. Como si cada articulación recibiera un nombre antiguo y tuviera que recordarlo de golpe. El grito que salió de su garganta no fue de dolor físico: fue de sobrecarga de identidad ajena.
Noctara la sostuvo por detrás, bloqueándole la caída.
—No te rompas —gruñó—. Si te rompes, me enojo.
Rhaziel tenía la mano clavada contra el esternón de Risa, no tocando piel sino presión estruc